Karin Palmquist: Paseando en Honduras, el héroe silencioso de Centro America

viernes, 30 de diciembre de 2011

Karin Palmquist: Paseando en Honduras, el héroe silencioso de Centro America

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Esta es la traducción del articulo escrito por Karin Palmquist, titulado "Hanging In Honduras, Central America's Unsung Hero", y publicado en The Huffington Post.

Nos convertimos en malos turistas hoy.  Después de cuatro semanas de solamente platos locales, almorzamos en Wendy’s.  Después pasamos por el alto el Museo para la Identidad Nacional en Tegucigalpa y miramos una película que habíamos bajado de ITunes, mientras que la lluvia golpeaba el techo de metal sobre nosotros (el latigazo de la tormenta tropical que estaba haciendo estragos en las playas del Pacífico de los vecinos de Honduras).

Cada viaje hasta este punto, cuando ya has tenido suficiente de experiencias culturales y lo familiar, incluso Wendys suena atractivo.  En un lugar como Honduras, este punto podría llegar un poco antes que en otros lugares.  Durante el último mes, hemos cuadriplicado nuestro consumo de pollo frito desde nuestro nacimiento hasta el presente.  “No más”, dije.  “Comeré cualquier cosa, siempre y cuando no sea pollo”.  No queríamos ser este tipo de turistas, pero hoy lo fuimos.

La gente nos había dicho que pasáramos por alto a Honduras., “No hay nada allí, la única parte buena es Islas de la Bahía”, un amigo nos dijo antes que saliéramos en nuestro viaje de un mes de duración.  Luego la tormenta puso en pausa los sueños de mi novio de surfear en El Salvador, y en lugar de esto nos dirigimos a las colinas de Honduras.  Lo que encontramos fue una agradable sorpresa: un hermoso país de altas montañas y valles fértiles y profundos llenos de la gente más amigable que conocimos en Centro America.

Honduras tiene un pequeño problema de imagen, y es comprensible.  La pobreza generalizada y el desempleo, junto con el tráfico de drogas hacia el norte, han producido altas tasas de criminalidad.  Según el Estudio Mundial en Homicidios de 2011, publicado el 10 de octubre de 2011 por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Crimen, Honduras tuvo la mayor tasa de homicidios per cápita en el mundo en 2010: 82.1 homicidios por cada 100.000 habitantes. En comparación, los EE.UU. tiene una tasa de cinco homicidios por cada 100.000 habitantes y el norte de Europa un promedio de un homicidio por cada 100.000.

Hay guardias de seguridad uniformados en todas partes, armados con ametralladoras, cuidando tiendas de vigilancia y restaurantes de comida rápida. Los restaurantes para almorzar en el centro de Tegucigalpa te hacen pasar por detectores de metales antes de entrar, mientras que la seguridad en los barrios más exclusivos es más discreta. Incluso el camión repartidor de Coca Cola de entrega va acompañado de un guardia armado. En el campo, el uniforme de guardia parece ser un sombrero de vaquero, botas de piel de serpiente y un revólver en la parte delantera de los pantalones, aterradoramente cerca de partes vitales, que a su vez te hace pensar que un guardia de seguridad tal vez no sea una profesión transmitido de padres a hijos.

Como a menudo es el caso en países con un nivel de desarrollo económico similar (Honduras es el tercer país más pobre del hemisferio occidental, después de Haití y Nicaragua, donde la persona promedio gana sólo $4,200 dólares anuales, de acuerdo con un estimado del Departamento de Estado de Estados Unidos), los turistas extranjeros son a menudo son víctimas de crímenes oportunistas: robos y secuestros ocasionales. Dado que los medicamentos de mi novio y los míos  que traemos a través de fronteras internacionales pueden ser comprados en una farmacia, esperamos que podamos evitar la atención de los traficantes de drogas. Los oportunistas, por el contrario, son más difíciles de evitar, y tomamos las precauciones que pudimos: no caminar por ahí con nuestro presupuesto de viaje, escondiendo nuestras cámaras, tomando un taxi a casa por las noches, y así sucesivamente. Después de contraer la malaria durante un viaje a Sudán, le temo me temo a los mosquitos tanto como a los traficantes de drogas, y yo era probablemente el único turista en el país prestando atención a la advertencia de salud, tomando con diligencia mis medicamentos contra la malaria. En otras palabras, tomamos las precauciones.

Tal vez tuvimos suerte, pero el país que nos encontramos no concordó con las estadísticas. Ninguno de los turistas extranjeros con los que hablamos (un número reducido, ya que estábamos viajando en temporada baja) había sido objeto de ningún delito, y en su lugar nos daban ejemplos de locales increíblemente amables y serviciales. Los destinos turísticos, tales como las ruinas mayas de Copán y el paraíso de buceo que enmarcan la Islas de la Bahía, tienen una tasa de criminalidad más bajos que en otras partes del país, pero los viajeros que conocimos habían recorrido el país en autobús.

Hemos experimentado esa amabilidad en nuestro primer día en el país, cuando un comité de bienvenida de un solo hombre nos dijo en la calle: "¡Bienvenido a Honduras, gracias por venir a mi país."!
El hombre, de unos sesenta años con una barba rala, sonrió tan ampliamente que no pudimos evitar una sonrisa igualmente amplia. Un par de días más tarde, cuando nos dirigíamos a la estación de autobuses con nuestro equipaje, la gente en la calle nos señalaba y decía: "por este lado". “O nos estaban mostrando el camino a la estación de autobuses, o nos están llevando a un callejón donde nos asaltarían”, dijo mi novio.
Llegamos seguros a la estación de autobuses. Con mis seis pies de alto y mi cabello rubio, no hay forma de ocultar que mi origen étnico no es hondureño, pero a veces siento que ayuda tanto como duele. Después de cada parada de descanso, el conductor del autobús lo revisa, y se detenía en nosotros con un gesto que decía: “Lograron volver al autobús, vámonos” A lo largo de carreteras y caminos de tierra, en las aldeas y las ciudades más grandes, los locales nos ofrecieron su ayuda.

La lluvia había descarrillado literalmente nuestros planes, cerrando los caminos hacia El Salvador, y  necesitábamos un plan alterno. Habíamos oído hablar de la D&D Brewery, una pequeña casa de huéspedes con seis habitaciones y tres cabañas independientes en el Lago de Yojoa, el lago natural más grande de Honduras. La primera micro cervecería en Honduras, tiene media docena de cervezas de barril hechas en casad, lo que fue suficiente para convencer a mi novio que era un lugar digno de visitar.

Escondido en una selva profunda en las afueras de la pequeña aldea de Los Naranjos, la fábrica de cerveza tiene un ambiente cómodo y de bajo perfil. “Se siente como un lugar de reunión del Cuerpo de Paz”, dijo mi novio (siendo él un ex voluntario del Cuerpo de Paz), mientras caminábamos por la pequeña entrada hacia el área de recepción.

Efectivamente, el primer huésped con el que hablamos había estado en el Cuerpo de Paz en Honduras, el cual según nos comento, por un tiempo tuvo el mayor número de voluntarios de cualquier país del mundo. En la mayoría de los lugares donde nos alojamos durante nuestro viaje, éramos los únicos huéspedes, pero incluso en temporada baja la cervecería estaba completamente llena. En la cena, los viajeros de largo plazo procedentes procedentes de prácticamente todos los países se sientan juntos en el área cubierta con vista a una piscina pequeña, a intercambiar historias de viajes y consejos, como que carreteras fueron cerradas debido a los deslizamientos de tierra.

El Lago de Yojoa se encuentra a una altitud de 2,300 pies en una depresión formada por volcanes. Su lado oriental toca la carretera que conecta las dos principales ciudades de Honduras, Tegucigalpa y San Pedro Sula, y está enmarcada por las escarpadas montañas del Parque Nacional Santa Bárbara al oeste y el Parque Nacional Cerro Azul Meambar al este. Las comunidades alrededor del lago viven principalmente de la pesca y el cultivo de frutas, vegetales y granos, y el lago es un lugar popular para la pesca. Un microcosmos con más de 400 especies de aves - junto con 800 especies de plantas - también es un lugar preferencial para la observación de aves.

Si el clima lo permite, un ornitólogo de origen británico llamado Malcolm Glasgow dirige un tour mañanero de observación de aves por el lago. Por cerca de cuatro horas Malcolm guía a un máximo de cuatro personas por bote desde el canal que conecta a Los Naranjos en el lago, a través de los bosques protegidos del Parque Eco Arqueológico Los Naranjos, a la zona pantanosa del lago, donde en una brumosa mañana de octubre, observamos garzas, gavilanes caracoleros, el Martín pescador amazónico, y a la distancia, el ave neo tropical más emblemática de todas, el Tucán.

Un pequeño río fluye detrás de la fábrica de cerveza. Tres semanas antes de nuestra llegada, el nuevo gerente de la fábrica de cerveza, Anthony Palmer, había comprado tubos de goma en San Pedro Sula y, no muy seguro de dónde iba a terminar, término flotando por el río dentro de uno de ellos, para la diversión de los niños locales. El río, resulta que fluye a través de la aldea de Los Naranjos y termina en el lago. Anthony llevó a un grupo de nosotros a usar los tubos, a través de las frías aguas del río estrecho y poco profundo, un rio muy rápido a veces. Rebotamos en las orillas del río con vegetación densa, tratando de no perforar los tubos, agachando la cabeza hacia abajo para evitar las líneas eléctricas y puentes peatonales. Entonces, repentinamente, terminamos en las aguas extrañamente cálidas del lago.

Honduras nunca fue un gran destino turístico, y los estadounidenses son más propensos a hablar del país como el lugar desde donde los contras financiados por Estados Unidos libraron su guerra contra los sandinistas nicaragüenses, que como un punto preferencial para la observación de pájaros.  Luego, hace dos años, el sector de turismo hondureño recibió otro puñetazo en el estómago, cuando un golpe de estado removió al entonces presidente Manuel Zelaya. El nuevo presidente, Porfirio Lobo, tiene trabajo por hacer para revertir la disminución de los números del turismo. “Los viajeros que vienen por aquí son viajeros de larga duración. Viajan por algunos meses a través de toda la región. La fábrica de cerveza no ha sido golpeada tan mal como el resto del sector turístico”, dijo Malcolm, el ornitólogo, mientras caminábamos de regreso a la fábrica de cerveza después de nuestra maravillosa madrugada observando pájaros en el lago. A juzgar por las tasas de ocupación en los otros lugares donde nos alojamos, otros hoteles no han tenido tanta suerte.

Después de una semana en el campo, regresamos a Tegucigalpa, donde habíamos llegado por primera vez a Honduras. Ahí es donde estamos ahora, en una casa de huéspedes que se asemejaba a una fortaleza, enclavado en la relativa seguridad de la Colonia Palmira. Una vez más, éramos los únicos huéspedes en los pasillos. Durante nuestra estancia anterior, el director de la casa de huéspedes había olvidado que estábamos allí y nos habían encerrado a las 8 pm, dejándonos con bolsa de sopa Knorr para la cena que debíamos compartir. Esta vez, no puede apagar la cerradura magnética que selló las puertas de hierro pesado, que había dejado abiertas hasta nuestro regreso. Cada sistema de seguridad tiene sus fallos.

No del todo presa de nuestra película de iTunes, comencé a recordar nuestra estancia. La clave para un viaje exitoso es bajísimos expectativas. Lo siento Honduras, pero nuestras expectativas eran bajas. Lo que encontramos fue un país que de alguna manera desafía las estadísticas. Un país donde, a pesar del aire de caos, los autobuses salen a tiempo (incluso si se consideran las líneas amarillas en el medio de la carretera como una simple sugerencia) y que es sorprendentemente fácil de recorrer. Encontramos un país con una reputación que no hace justicia a su gente amable y su hermosa campiña. “Se mete bajo la piel de alguna manera”, dijo el ex voluntario del Cuerpo de Paz a quien conocimos en la fábrica de cerveza.

Eso lo hace.

Karin Palmquist es escritora, diseñadora y fotógrafo. Es una editora colaboradora de varias guías de viaje.




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Originario de San Pedro Sula, Honduras pero viviendo en el exterior, mi blog intentara dar a conocer un poco más mi ciudad y mi país. Born in San Pedro Sula, Honduras but living abroad, my blog will try to give you an insight of both my city and my country.

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